En ocasiones nos enteramos por los medios de
comunicación o incluso podemos encontrarnos en nuestro propio ámbito social,
algunas situaciones en las que vemos que los padres, con su comportamiento, no
saben dar la mejor educación o el mejor ejemplo a sus hijos, bien sea por su
escasa preparación cultural o educativa o bien porque parecen no están
preparados psicológicamente para ser padres y educar y atender adecuadamente a
sus hijos.
Ante estas situaciones familiares, surge la
pregunta si sería conveniente realizar una prueba, aunque mínima, a los futuros
padres antes de traer un hijo al mundo. Con esta prueba quizás se podrían
prevenir situaciones de hijos no deseados, abandonos, malos tratos o falta de
cuidados educativos, sanitarios o alimentarios.
De hecho, a lo largo de nuestra vida tenemos que
hacer multitud de exámenes y pruebas para medir nuestros conocimientos y
habilidades. Pero ser padres no es aprobar un examen de Lengua ni sacarse el
carné de conducir.
Nadie es
perfecto y todos los días surgen nuevas situaciones y retos que cada persona
afronta de una determinada forma. No sería posible ni medir cada una de esas
situaciones ni tampoco determinar cual es la mejor forma de afrontarlas todas.
Por otra parte, quien tiene el derecho a decidir
o a evaluar si un futuro padre es digno o no de serlo. ¿Por qué no hacemos
también pruebas de quien puede o no puede ser una buena persona para la
sociedad y al que no apruebe le expulsamos de ella?
Por lo tanto, en mi opinión, la sociedad no debe
imponer ninguna prueba para medir si una persona tiene derecho o no a ser padre
o madre.
Pero, si sería necesaria o al menos muy
conveniente, una información previa en
el ámbito educativo, como pudiera ser alguna asignatura relacionada con la
materia o incluso charlas o coloquios en el AMPA de los colegios e institutos o
en otros ámbitos sociales, como ONG´s o entidades religiosas o culturales, de lo que representa la paternidad y sus responsabilidades.

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